Las estrellas tuyas me son esquivas ésta vez.
Una carga sobre espaldas (secas de sudor) que nada tienen de anónimas, disponen
los artilugios sagrados esta noche.
Llueve. Ventisca del mes sin nombre, una estación cualquiera decide su clima para hoy.
y yo, ¿qué doy? ¿Dónde cae el viento del norte? ¿Sopla el agua cayendo del cielo? Moja la sequía que avanza a paso para nada mezquino?
Ahí están: las nubes que ya nunca saldrán de tu cielo gris (eterno).
Mejor.
Ojalá siempre se queden allí.
Generosa receptora de malas noticias, pesimos días, horrrendas mañanas...
Si la vida coronara tu jornada
jamás te enterarías.
Abro al fin los ojos y me inundo con el sol, que abandonado, me lo dejaste.
